21/12/2009 - Opinión

La ciencia: una vela en la oscuridad que alumbra el camino hacia la libertad


Por Ship

A propósito del día del escepticismo

la-ciencia-una-vela-en-la-oscuridad-que-alumbra-el-camino-hacia-la-libertadEntendamos primero que es lo que interpretamos modernamente por racionalismo. Partamos del principio socrático de la duda: “Solo sé que nada sé”. Es decir, la inmensa ignorancia del mundo que nos rodea es lo que nos lleva a explorarlo. Para explicar cada fenómeno utilizamos el método científico, principalmente dos herramientas sencillas que se complementan: la navaja de Ockham y la medida del poder de una teoría identificada matemáticamente como la división de lo que explica (el numerador) sobre lo que implica (el denominador). La cuchilla de Ockham nos dice que si debemos elegir entre varias hipótesis para explicar un hecho, debemos elegir la más sencilla.Cuando tenemos que elegir hipótesis en igualdad de condiciones o que explican datos igualmente buenos, optamos por la más simple. El postulado es «no ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias». Si usted ve una luz en el cielo nocturno no diga apresuradamente que es una nave extraterrestre o la estrella de Belén, lo que implica demasiadas cosas: hay seres inteligentes en otros planetas que nos visitan y no nos damos cuenta, eso es una teoría de conspiración, típica falacia pseudocientífica. Hay explicaciones más sencillas. Complementando esto la medida del poder de una teoría nos dice que ella es más poderosa en proporción directa con la magnitud del hecho a explicar y en proporción inversa de lo que se necesita para explicarlo. Por ejemplo, la teoría de Darwin que explica la inmensa biodiversidad terrestre fruto del hecho fáctico de la evolución, a través de las leyes simples de la selección natural, hacen de esta teoría una de las más poderosas en el terreno de las ideas humanas. Por eso la teoría de Darwin es una teoría soberbia.

El escepticismo y la duda no son  creencias son un método. Las usamos a diario. Digamos que salimos a comprar un reproductor de mp3. Encontramos que en un almacén, cuyo nombre no lleva tilde aunque debería,  nos ofrecen un minicomponente de altísima potencia, cinco bandejas de discos, radio AM y FM multibandas, control remoto digital y una interfaz espectacular a un precio irrisorio, digamos por 10.000 pesos. No dudaríamos de semejante ganga? No estaríamos alertos para que no nos engañen? Qué hacemos entonces? Digamos que verificamos primero el país de origen. Si es chino es doblemente malo: malo porque con mano de obra esclava como se usa en el paraíso del proletariado chino no se hacen cosas de calidad y malo porque es inmoral comprar algo fruto de la esclavitud. Intentamos leer la garantía escrita seguramente en mandarín, por lo cual no entenderemos nada, llamamos a un amigo para preguntarle si es posible obtener semejante regalazo. Pedimos la asesoría de un experto, llamamos al gerente de ventas, solicitamos asesoría del técnico de turno, miramos los minicomponentes de la competencia, hacemos de todo para verificar que es cierto. Hechos extraordinarios necesitan ser comprobados con evidencias extraordinarias.

Cuando somos niños creemos todo lo que nos dicen nuestros padres, creemos en Supermán, en Harry Potter, el capitán Centella y Santa Claus. Sin embargo, en algún momento de la temprana infancia, un padre responsable le explicará la realidad a ese niño para eliminar el pensamiento mágico y darle herramientas científicas de supervivencia.  Es triste dejar de ser niño, pero debemos aprender que el Universo no es como nosotros queremos que sea, el Universo es como es. Aún así, de adultos conservamos el pensamiento mágico porque tememos a la libertad y a las conclusiones a que nos lleva la razón. Por eso, Deepak Chopra tiene toda la plata del mundo para hacerse las cirugías de rejuvenecimiento necesarias con el fin de engañar a su público y decir que su lozanía y longevidad es fruto de un salto cuántico espiritual que todos podemos realizar si compramos sus libros. La clave de “El Secreto” es que pienses positivamente y con eso atraerás todo lo que deseas. En realidad, el secreto de su “éxito” es divulgar la superstición para que la gente escuche lo que quiere oír. Es cierto que una mente cargada de pesimismo nos conlleva a una depresión endógena que hace nuestra vida infeliz, pero de allí a atraer la casa que yo quiero con solo pensarlo hay mucho trecho. Los deportes que vemos por televisión fomentan el pensamiento mágico, y es divertido porque es infantil pensar que haciendo fuerza a kilómetros de distancia por el equipo de fútbol preferido, este se va beneficiar de mi pensamiento positivo.

Todos tenemos un amigo imaginario de pequeños, algunos lo conservamos, otros no. La explicación científica más fiable es que la neurotransmisión electroquímica de nuestro cerebro condiciona nuestras emociones y nuestra apreciación de la realidad, pero no todos tienen el mismo nivel de serotonina, endorfinas, feromonas o adrenalina en el cerebro. Cada individuo es único, a algunos les bastará el Prozac para sentirse mejor,  otros necesitarán  un ritual mágico. La penicilina cura la amigdalitis, crea o no en ella, a menos que sea alérgico y muera. El Prozac se consigue genéricamente como Fluoxetina a precios muy económicos, ya si la persona prefiere darle el diez por ciento de su sueldo a un individuo que hemos dotado de poderes sobrenaturales, pues es cuestión de cada quién. A Marx solo le doy la razón en una cosa: “La religión es el opio del pueblo”, lo que Marx no tuvo en cuenta es que cada persona tiene derecho a abandonar el uso de la razón y entregarse al opio que quiera consumir llámese marihuana, cocaína, alcohol, brujería, un dios, tres dioses, miles de dioses. Eso es liberalismo. Algo que Marx detestaba como nadie. La penalización de la droga es peor que la penalización de la religión. Sólo basta ver los estragos que produjo la prohibición de nuestra droga social preferida: el alcohol. Miremos los desastres que provoca la penalización del consumo de marihuana, cocaína o heroína. El gobierno que interviene sobre la libertad individual de manera tan invasiva, se acerca a la tiranía.

Nuestro propio sistema judicial está basado en las reglas de la ciencia: toda persona es inocente hasta que se compruebe lo contrario más allá de toda duda razonable. Es el que afirma el que debe mostrar evidencias contundentes de su afirmación. Por ejemplo, es imposible negar la existencia del unicornio rosa, el que afirma que existe es el que debe dar pruebas. En una corte es el fiscal quien debe comprobar la culpabilidad del acusado, el abogado defensor no debe probar su inocencia, su trabajo es la tarea escéptica de llenar de dudas razonables todas las afirmaciones del acusador.

Uno de los aspectos más importantes del método científico es que el argumento de la autoridad no vale para convertir una hipótesis en una teoría. Además, el científico siempre tratará de ver qué fisuras hay en ciencias construidas hace años (y que se ven como la autoridad en la materia), como lo hizo Einstein con la teoría de la gravedad de Newton, la mayor autoridad (aunque llevara siglos muerto) en la ciencia de su época. El pensamiento científico nos lleva al pensamiento crítico, individual y libre; la ciencia, al contrario de lo que mucha gente cree, nos reta a desafiar a la autoridad. La evidencia científica es la verdadera autoridad. No cualquier tirano puede vestirse de poder sobre un pueblo formado científicamente. La ciencia ilumina nuestras mentes hacia la libertad y a su vez la libertad es un componente imprescindible para lograr el desarrollo científico.

El sometimiento de todos fenómenos al rasero riguroso de la investigación científica nos ha entregado una posibilidad de vida y libertad más amplia. El problema es que nuestra sociedad no se adhiere a la evidencia para explicar las cosas o para solucionar una dificultad. Vivimos en una sociedad altamente tecnológica que no utiliza los métodos científicos desde los que nace la propia tecnología. Donde debería haber luz, nos encontramos la oscuridad, la ciencia nos brinda una llama que ilumina el camino hacia la libertad.

Este post actualmente tiene 1 comentario.


  1. Ignacio dice:
    22/12/2009 a las 3:50 am

    Agradezco tus entradas pues siempre son muy jugosas.
    No tengo muy claro si lo que subyace en tu entrada es una mirada escéptica (la verdad no existe o somos incapaces de conocerla) o agnóstica (es inaccesible lo que transciende la experiencia). De lado esta disquisición.
    Dudar es desconfiar y el que no tiene seguridad de elección deberá informarse previamente; informarse requiere contrastar informaciones y comprobar sus fuentes y al respecto deseo indicar que tenemos tendencia a la pereza o la credulidad.
    Opino que, en general, los padres tenemos la obligación de encaminar a nuestros hijos para que puedan vivir en libertad; el maestro es el que debería motivar e instruir y apoyar al alumno para que este construya un método de investigación del mundo y sus disciplinas.
    Muy cierto que es duro dejar de ser niño y perder la inocencia almacenando sentimientos de culpa. Pero una cosa es el candor y otra distinta es la estupidez (no estoy disculpando la tendencia humana a la estupidez). A media que avanzamos en la historia el almacén de conocimiento se amplia y resulta difícil poder abarcar su totalidad pero esa dificultad no nos exime y necesitamos aclarar conceptos para pensar y comunicar con juicio.
    La religión es opio del pueblo cuando la actitud del creyente es pasiva y se convierte en fiel de los dogmas. La búsqueda de la trascendencia está implícita en el ser humano y religión y ciencia se complementan (cosa distinta es que las instituciones religiosas tengan tendencia a monopolizar la sabiduría privando a la ciencia de su función investigadora.
    En términos jurídicos una norma es solo una convención.
    Las convenciones son pactos sociales que facilitan la convivencia.
    La objeción y la crítica son necesarias en cualquier ámbito científico o social. Opino que el defecto habitual es situarse en el terreno de la impostura que confunde y perjudica ( a pesar de que en demasiados casos sea el principio de actuación del abogado frente al juez o al legislador).
    Someterse a la evidencia no resulta conveniente en muchos casos pues en la mayoría de circunstancias nos movemos entre convenciones. Tu mismo lo dices al nombrar las teorías de Einstein respecto a las de Newton
    una teoría no es más que una hipótesis que no ha podido ser sometida a comprobación en la práctica. Iniciado el siglo XIX Dalton inicio el conocimiento corpuscular del átomo, Rutherford avanzo respecto a esas teorías, Bohr teorizó sobre un modelo cuantizado del átomo, más tarde Sommerfeld planteó un nueva concepción y la humanidad sigue construyendo nuevas teorías que sustituyen o amplían las anteriores.
    Siento que es muy importante dejar atrás los convencionalismos acomodaticios para lanzarnos a un permanente proceso de búsqueda.
    Hasta pronto.

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