Segunda adolescencia
Ayer fue mi cumpleaños número 34. Resulta que ahora estoy en una edad que yo llamo “la segunda adolescencia”.
La razón por la que la llamo así es porque, en esta edad, hay un sentimiento muy similar al que se sentía cuando se estaba en la adolescencia. Por lo menos en mi caso. Cuando se es adolescente, aparte de la rebeldía contra los padres, la búsqueda de una personalidad propia, identidad y todas esas características típicas que los sicólogos mencionan con palabras rebuscadas, uno se encuentra en una posición difícil al estar muy grande para hacer cosas de niño, pero muy pequeño para hacer cosas de adulto.
Creo que a los 34 años hay una situación parecida. Uno ya no se atreve a hacer ciertas cosas que hacen los “muchachos de hoy” porque sería un poco ridículo a esta edad; pero al mismo tiempo, uno está demasiado joven para ir a alimentar palomas al parque o hacer cosas de viejos. Esta es la famosa edad media.
De cualquier manera, cuando uno ya pronuncia o escribe frases como “los muchachos de hoy”, es porque ya sabe que hace rato dejó de pertenecer a ese grupo.
Generación X
Definitivamente el tiempo deja huella. Nadie puede evitarlo. Ni siquiera aquellos ricos y famosos que viven obsesionados por evitar esas huellas. Es fácil ver en la TV a ciertas celebridades de nuestra generación (La Generación X) y notar que no son precisamente los mismos de ayer. Los que ayer eran jóvenes y bisoños actores, actrices y cantantes de aquellas series de TV o canciones con las que crecimos, ya no se ven tan bisoños y de hecho, salvo pocas excepciones, el paso del tiempo es bien notorio no sólo físicamente, sino en sus expresiones, la forma en que aparentemente piensan y las familias que han formado. Es lo natural. No hay nada que se pueda hacer, salvo evolucionar y saber que cada etapa de la vida puede ser tan o más interesante que las que ya pasaron. Uno puede sentir nostalgia de vez en cuando, pero vivir nostálgico todo el tiempo es patético.
Si, La Generación X ya está en sus treinta (y algunos a punto de llegar a los 40). Una generación que, como cualquier otra, se sentía especial. Nos vimos enfrentamos a grandes desafíos y sucesos como el miedo al SIDA, el auge de los divorcios, el “boom” de los embarazos en los colegios, el desempleo de los recién graduados de la Universidad que se resignaban a manejar un taxi, el final de la guerra fría y la Unión Soviética, la aparición de Internet, la necesidad de aprender Inglés, la evolución de los medios y el entretenimiento que nos hizo pasar de los televisores en blanco y negro con perilla pasa-canales a la aparición de las consolas de videojuegos, etc. También presenciamos grandes acontecimientos mundiales en nuestra niñez y adolescencia como la caída del muro de Berlín, una nave espacial que explotó en el aire matando a la tripulación y el pánico financiero producido en la baja de la bolsa de valores más importante del mundo en 1987 (incluso mayor que cualquier baja sucedida en la actual “crisis” financiera).
Pero, para ser honestos, con los sucesos y desafíos de este comienzo del sigo XXI, tenemos que aceptar que simplemente somos una generación más. Si, especial en ciertas cosas, al igual que todas las generaciones. Los de atrás pueden decir que vieron llegar al hombre a la luna, sintieron el clima de las guerras mundiales, la gran depresión, el asesinato de Kennedy, los Beatles, etc. Y las generaciones más recientes nos pueden hablar del ataque a las torres gemelas, el calentamiento global, el Wii y el PlayStation, el smartphone, el Internet móvil, el colapso de los periódicos escritos, Hugo Chávez, el acelerador de partículas, lo que supuestamente va a pasar en el 2012, la “crisis” financiera, etc, etc. Cada generación no es mejor que otra, simplemente son diferentes.
En fin, en cualquier generación siempre habrá seres que trascenderán y otros que no. Lo que tengo claro es que debemos intentar que las cosas que hagamos en el transcurso de nuestra vida, trasciendan más allá de nosotros. Lo más probable es que la mayoría no lograremos volvernos celebridades o personajes ilustres o que nos recuerden durante siglos por nuestras obras. Pero si logramos que nuestras acciones trasciendan por lo menos a nuestro medio cercano de tal manera que afecte en buena medida y positivamente a las personas o a nuestro planeta en general, y que el resultado de dichas acciones perdure el mayor tiempo posible, creo que habremos logrado descubrir lo que algunos llaman la “MISION” de nuestra vida. Porque ¿cuál mas puede ser esa misión aparte de afectar positivamente la vida de otros seres?
Conexión de puntos
Hace poco, un viejo amigo compartió en Facebook un video sobre un discurso de Steve Jobs en una Universidad en donde hacía reflexiones sobre la vida. Aparentemente, ese video es muy conocido en ciertas esferas, pero yo honestamente no lo había visto nunca. El discurso es excelente. Steve Jobs habla, por ejemplo, de que todos estamos condenados a ser remplazados por los más jóvenes que vienen atrás, sin importar que tan buenos seamos en lo que hacemos. Estamos condenados a representar el pasado en algún momento. Una verdad obvia que a veces nos duele aceptar.
Pero la parte que más me gustó de ese discurso fue lo que Steve Jobs dijo sobre “conectar los puntos”. Hay gente que dice que las coincidencias no existen. Realmente no tenemos forma de comprobar si existen o no, pero lo que si creo es que es muy poco probable que alguien con (por ejemplo) 34 años, supiera desde que tenía 7 que iba a estar como está actualmente. Entre los 7 años y los 34 años ocurren una enorme cantidad de hechos planeados y no planeados. Algunos parecen aislados, pero cuando uno conecta los puntos (como en aquellos libros de dibujo donde al unir los puntos con el lapiz puedes ver una imagen con sentido) se da cuenta que esos supuestos hechos aislados han tenido grandes y pequeños aportes para hacernos llegar a la posición en la que nos encontramos actualmente, ya sea buena o mala.
Ahora que llegué a un año más de vida, trato de conectar los puntos de lo que han sido los últimos 34 años. Han habido momentos pésimos, otros excelentes pero la mayoría del tiempo, momentos “estables”. Y cada acontecimiento tiene su espacio en esa gran imagen de la vida que se ve cuando uno conecta los puntos, como dice Steve Jobs.
Una vez abrí una pequeña papelería con mi esposa. Para ser honesto, ese negocio nunca pudo crecer debido a que en aquella época yo trabajaba como consultor y los pagos eran muy irregulares por lo que teníamos que recurrir al dinero de la papelería para pagar las cuentas del diario vivir. Aun hoy, no entiendo como pude yo terminar con una papelería, negocio del que no sabía nada, ni había tenido nunca la más mínima intención de involucrarme. Pero, esa pequeña experiencia, ha sido invaluable por las lecciones que me dio. Aprendí a valorar el dinero, sabiendo que las pequeñas cantidades residuales pueden hacer una gran diferencia si se administran bien. Me interesé por aprender algo de contabilidad. Y eso me llevó a interesarme por las finanzas y el mundo del emprendimiento. Esa pequeña papelería me ha impulsado desde ese entonces a tratar de manejar mi propio negocio o a trabajar por mi propia cuenta, antes que buscar un empleo. Y esa actitud, me ha enseñado aun más cosas. Cosas que no me enseñaron en la Universidad. Y estoy dispuesto a seguir aprendiendo, porque es mucha mi ignorancia aún.
Ahora me he propuesto hacer cursos que no tengan nada que ver con mi trabajo. Tengo planeado perfeccionar un curso de natación que hice anteriormente, aprender a jugar golf y hasta aprender a bailar (que es algo con lo que nunca he podido). En todas esas cosas voy a tener que poner todo el corazón. Estoy seguro que de esas experiencias surgirán otras cosas que poco a poco moldearán mi vida en el futuro. Y en ese futuro, cuando conecte los puntos nuevamente, me daré cuenta de que alguna experiencia que inicialmente no tenía nada que ver con mis intereses, probablemente terminó afectando mi vida de una forma que nunca podría haber imaginado. Claro está, siempre y cuando tenga la fortuna de poder estar vivo en ese futuro.
Te dejo el video de Steve Jobs en caso de que no lo hayas visto ya. Recomiendo enormemente que lo veas. Es totalmente inspirador.
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26/05/2009 a las 12:48 am
La diferencia de tu nueva adolescencia viejo Omar, es que ahora ya sabes que cada paso que das puede significar un “punto importante” en tu camino. Eso significa haber adquirido -Consciencia- y para eso es que se vive, para que, de un modo u otro, tarde o temprano, a las buenas o a las malas, finalmente nos demos cuenta de quién coño somos y pa´donde es que vamos! gueepa! jejeje..
Abrazos.